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«Con la convicción de que lo que haces es importante para el mundo y para la gente, las puertas se te abren»

- 17/11/2022 -

Pilar Forcén - Indómitas

Carmen Hijosa, emprendedora, diseñadora e inventora de una alternativa sostenible al cuero

Fue capaz de ver un tesoro y una oportunidad en las hojas de las piñas; una fibra alternativa al cuero, sostenible, más ética y responsable con la naturaleza. Desde entonces, Carmen Hijosa no ha parado hasta introducirla en el mercado y llevarla a las grandes firmas de moda.

Nació en Salas, Asturias, y a los 19 años se marchó a Irlanda para aprender inglés. Desde entonces, no ha parado de perseguir algo que marque una diferencia para el mundo. Ha viajado mucho, se ha formado mucho y ha trabajado mucho hasta crear Piñatex, una fibra alternativa al cuero sostenible.

Su quinta empresa, Ananas Anam, es una empresa BCorp (socialmente responsable) y, además de la referencia a la piña, en su nombre atesora la palabra alma en irlandés (Anam), algo que representa muy bien el alma que Carmen le pone a todas las cosas que hace. En 2021, fue finalista en el Premio al Inventor Europeo (European Inventor Award), que presenta la Oficina Europea de Patentes.

¿Qué sentiste cuando tuviste el primer rollo de Piñatex en las manos?

Lloré. Fue una experiencia maravillosa. Me di cuenta de que todo mi trabajo de tantos años podía convertirse en una industria. Había empezado con artesanía, pero para mí no era suficiente, quería algo que se expandiera por todo el mundo. Entonces, hice los primeros prototipos, primero pequeñitos, con unas fibras, con otras; después, los primeros test de prueba, donde un metro ya era mucho. Y después hicimos la primera prueba de producción, unos 50 metros. Ver que lo que había pensado se puede hacer realidad, fue tan maravilloso que hoy todavía lloro. Sentí una emoción profunda, la emoción de pensar, ‘funciona y vamos a crecer con esto’.

© Foto de David Steward para Wired.

«Ver que lo que había pensado se puede hacer realidad, fue tan maravilloso que hoy todavía lloro».

¿Cómo se te ocurrió que de las hojas de la piña podrías obtener un tejido sostenible alternativo al cuero?

Todo pasa como consecuencia de otra cosa. Empecé con mi primera empresa en Irlanda haciendo cosas de cuero. La inicié con quien luego fue mi marido, y el padre de mi hija, sin tener ni dinero ni mucha experiencia, pero los dos éramos buenos en diferentes partes del negocio y la empresa llegó a ser una de las que producía de los mejores productos de cuero del Reino Unido e Irlanda, exportando casi todo. El negocio despertó el interés del Banco Mundial, de la Comunidad Europea y de otras entidades y me llevó a hacer consultoría en diferentes partes del mundo. Eso era a finales de los 80, cuando no había aún una idea de lo que es sostenibilidad.

A raíz de eso, empecé a trabajar con comunidades de Bolivia, en el altiplano, con gente con pocas oportunidades de desarrollar sus productos. Y ahí fue donde empecé a entender que un producto, cualquier cosa que nosotros hacemos, no es en realidad el producto solo sino todo lo que conlleva. Me preguntaba cada día ‘cómo puedo ayudar’ y así me di cuenta de que, como consultora con gente de negocios, mi trabajo era empoderar a la gente. Y me fui impregnando más de su cultura, sus tradiciones, y fuimos trabajando juntos y dejando aflorar lo que ellos tenían dentro.

Y después viajaste a Filipinas…

Cuando fui a Filipinas ya estaba preparada para entender mi responsabilidad respecto a las personas con las que iba a trabajar. Y luego vino el siguiente paso: el producto. Y la selección de materias primas. Llegué allí a hacer mejores productos con cuero, que era en lo que tenía experiencia.

Pero, cuando empiezas a cambiar tu manera de pensar, y empiezas a observar lo que había en el país, las calidades de la artesanía, la destreza de la gente, lo que usan, las tradiciones, etc., descubrí una riqueza extraordinaria, en todo, tradición, objetos y productos hechos con las fibras indígenas. Y trabajando así, en armonía y respeto por la gente y los materiales, e investigando más, dejé de recomendar el cuero. El cuero es un producto que usa muchas toxinas y gran cantidad de energía y no es bueno ni para la gente ni para el planeta, aparte de matar animales.

Y trabajando con otras fibras fue cuando vino la idea de ‘y si’ (what if) pudiera sacar una especie de fieltro, y si… y ahí cristalizó una idea más ética que viene de un trabajo exhaustivo, de muchas horas de estudio, muchos años. Y de una manera de respeto y de humanidad, de entender con lo que trabajas, entender para qué, para quién.

«Me di cuenta de que, como consultora con gente de negocios, mi trabajo era empoderar a las personas».

Una vez que tuviste tu propuesta y que sabías que era innovadora, sostenible, ética, que iba a ayudar a muchas personas, ¿a quién tuviste que convencer para llevarla adelante?

Eso fue otra historia. ¡Imagínate desarrollar un producto que no tenía cadena de suministro! Tuve que ponerme a buscar, mandar muchos correos, hablar con mucha gente, siempre con la idea de ‘¿me podéis ayudar?’. Y, al final, siempre encuentras gente. El más importante quizás fue un señor filipino, míster Than, que hacía un ‘no tejido’ y tenía una fábrica. Cuando le dije “esta es mi idea, no sé cómo hacerlo, me podrías ayudar”, él me respondió: “te voy a ayudar porque esto es algo de futuro y podría ayudar a mi país y a mi gente”.

Cuando tienes esa convicción de que lo que haces es importante para el mundo y para la gente, y sigues insistiendo con claridad, las puertas se te abren.

No hay que tener miedo, pero tienes que creer en ti misma, sobre todo en lo que haces, que lo haces por ti misma. Yo nunca he trabajado por dinero. Un día quizás sea millonaria, quizás sí, quizás no, ni lo pienso.

¿Cuántas barreras has tenido que superar y sobre todo siendo mujer para llegar hasta el momento en el que estás ahora y en el que está la fibra Piñatex en el mercado?

Las barreras han sido enormes. Primero, empezando por ser consultora mujer en los años 80 en sitios como Sudamérica, en empresas grandes, con estructuras muy machistas. Normalmente, las mujeres estaban en las máquinas. Y yo llegaba a decirles cómo podían mejorar las cosas. Entonces, tuve que aprender rápido que lo que sé, lo sé, y que tengo que mostrarlo con seguridad y creyendo en mí misma. Pero no fue fácil, a la gente no le gusta cambiar. Entonces, te curtes, te pones como el acero, tienes que pasar por esos momentos para ser fuerte y flexible.

En el mundo del cuero, tuve una oposición extraordinaria. Al principio, yo les había dicho “podemos trabajar juntos, podemos hacer algo”, pero eso no ha pasado todavía. Entonces ¿cómo abres puertas? Creo que con una convicción interna profunda, con una integridad y claridad de mente de que a lo que tú haces te van a decir 100 veces que no, pero sigues adelante, con un plan muy claro, para que la gente vea que no solamente es una cosa que tienes en tu cabeza. Nunca puedes perder la visión y los hechos, pero el propósito es crucial y también los resultados. Yo sabía que lo que proponía era importante, que iba a cambiar el mundo de los textiles y que también iba a ayudar a mucha gente.

«Nunca puedes perder la visión y los hechos, pero el propósito es crucial y también los resultados».

¿Cómo fue percibida en la industria textil tu apuesta por una moda sostenible?

Dentro fue percibida como el futuro. Presenté el producto por primera vez mientras hacía mi doctorado en Londres, a principios del 2000. En aquel momento el movimiento vegano era fuerte, querían un cuero alternativo y no querían plástico. Entonces, yo traje una solución alternativa, en un sitio como Londres, que estaba a la vanguardia, y el mundo se nos abrió. Empresas como Camper o Puma vieron el potencial del tejido e hicieron prototipos con el tejido.

El camino largo fue hasta llegar a ese momento. A partir de ahí, ya podía enseñar fibras, procesos, producto final y prototipos hechos por empresas importantes. Y ahí es cuando la gente dice ‘si Camper puede hacerlo, Puma puede hacerlo y otros diseñadores importantes en Londres pueden hacerlo, yo también’. Después de eso, fue crecer.

¿Te planteaste en algún momento emprender en España?

No, no era el momento. Cuando empecé a plantearlo vi que no iba a ser fácil sacarlo adelante, así que me fui donde sí lo podría hacer, al Reino Unido, que es un país con una gran creatividad, innovación y allí desarrollé toda mi investigación. Es importante para cualquier persona que empieza algo que entienda y sepa cuál es el sitio donde eso puede pasar. Yo me iría al Polo Norte si fuera ese sitio. Y tengo muy buen instinto para saber dónde tengo que ir próximamente para que todo funcione. Ahora estoy en España montando una empresa…

«Entonces es importante para cualquier persona que empieza algo que entienda y sepa cuál es el sitio donde eso puede pasar».

El producto ahora mismo se está utilizando en zapatería, en accesorios, en artículos del hogar, en la industria del automóvil ¿qué es lo que más satisfacción te ha dado del éxito y de la acogida que ha tenido Piñatex?

Me ha dado muchas y diferentes satisfacciones. La primera es personal, como inventora, diseñadora del producto, un producto que la gente quiere. Luego está la parte ecológica, que es un buen producto sostenible, que no hace daño al medioambiente y que usa material que es la basura de la agricultura, por así decirlo. Y luego está la parte social y cultural, también muy importante. Hoy, solamente en las Filipinas, más de 500 familias se benefician directamente de este producto; otras 150 en Bangladesh y estamos empezando en África. Para mí, un producto es importante por lo que trae culturalmente, socialmente, ecológicamente y financieramente.

En 2021 fuiste finalista del European Inventor Award que premia patentes, ¿qué supuso para ti ser nominada y para tu trayectoria profesional en este momento?

Guau. Supuso muchísimo: el reconocimiento siendo mujer; reconocer mi trabajo y mi invento, un producto que todavía no está a nivel industrial porque la competitividad en el mercado es extraordinaria. Además, valorar el impacto tan importante que tiene en el mundo y especialmente en el mundo textil. Es un reconocimiento también a una forma de pensar y mirar, que es la que yo aplico, ‘la gente y el planeta’ (people and planet).

A partir de este reconocimiento, me piden participar en conferencias, inspirar a otra gente. Estoy muy orgullosa y contenta. Y este año he sido jurado en el premio y he luchado por las mujeres y por los productos que tienen un impacto directo en la vida de la gente.

¿Soñaste siempre con ser emprendedora? ¿tenías algún sueño concreto?

En verano estuve en Salas, el pueblo asturiano donde nací, y me encontré con amigas de toda la vida, a las que no veo muy a menudo. Una de ellas me decía “Nani (así me llaman en casa), siempre fuiste igual, eres una rebelde y siempre dijiste ‘tú te vas a quedar y yo me voy’”. Siempre tuve ese instinto muy rebelde y sabía perfectamente que no me iba a quedar en Asturias. No era mi sitio entonces. Si no hiciera lo que hago, sería una mujer súper frustrada, posiblemente arrogante, odiosa, antipática, no sé qué, pero no sería la que soy hoy. Entonces, siempre supe que tenía que seguir adelante. En realidad, fui a Irlanda para aprender inglés, porque sabía que quería viajar y que el inglés sería mi herramienta para expandirme. Después vino todo lo demás.

Dices que Asturias no era tu sitio entonces, ¿y ahora?

Asturias es una tierra maravillosa. Y ahora estoy volviendo cada vez más. Disfruto mucho de los reencuentros y el hecho de estar en la naturaleza, de recobrar esa energía. Y ahora que estoy aquí reconectar con mis raíces va a ser más natural y más importante.

«Lo primero es preguntarse ‘¿qué es lo que quiero en mi vida?’ y luego perseguirlo y lograrlo«.

¿Qué le dirías a una mujer joven que tiene una idea en la cabeza y que quiere emprender y cumplir un sueño?

Le diría que hable con gente de fuera, que tenga experiencia y que pueda ver su idea de una manera no emocional para darle consejo. Al mismo tiempo, le diría que tiene que saber por qué lo hace, por qué lo quiere hacer, saber que le va a costar tiempo, trabajo, muchísimos sacrificios. Lo primero es preguntarse ‘¿qué es lo que quiero en mi vida?’ y luego perseguirlo y lograrlo.

Yo hoy estoy trabajando como cuando tenía 20 años y seguiré trabajando. Si empiezas algo y es una cosa de futuro, tienes que seguir, es una responsabilidad. Tienes que tener fuerza interna y saber escuchar.

Dices que sigues trabajando al mismo ritmo, ¿qué te gustaría hacer que no hayas hecho todavía? ¿qué tienes en mente?

Me queda todo. Siempre se pueden hacer cosas. Ahora estoy con un nuevo reto, a caballo entre España y el Reino Unido. Tenemos una empresa en la provincia de Barcelona, en Canet de Mar, una planta para desarrollar algo para Europa, y poder seguir haciendo investigación. Estamos trabajando mucho con el mundo del automóvil y es importante estar ahí. Me vine para estar conectada con el producto y también porque quiero empezar una fundación al año que viene, que se ocupe más de la parte cultural, social, ecológica. Esa parte no la puedo hacer desde la empresa, que es una empresa BCorp, y tiene unas responsabilidades y un ritmo comercial. Y la fundación me va a permitir hacer más. Para no olvidar otra de mis facetas, la de diseñadora de producto.

Entonces, ¿qué es para ti el diseño?

Para mí es una herramienta de conexión, entre la gente, la ecología, la economía y la parte social, cultural. El diseño tiene que representar el producto final, una cadena de suministro que tiene que ser transparente, ética, que muestre de dónde viene ese material. Como diseñadores, tenemos una gran responsabilidad. Todos somos responsables como seres humanos de las decisiones que tomamos, de comprar esto o aquello. Como diseñadora, “lo hago así o lo hago así”, pero tengo que ser responsable porque este producto va a entrar en el mundo.

Fotos: © Ananas Anam / Piñatex.

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